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.: PORQUÉ UNA CÁTEDRA DE SALUD Y DERECHOS HUMANOS


 
:: Responsable de la página: Gonzalo Moyano
Sugerencias y Consultas a: saludverdad@fmed.uba.ar...

Para la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Médicas.
Marcelino Fontán

En relación a la creación de una Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos, se nos plantearon de inmediato varias cuestiones. En primer lugar, si los Derechos Humanos son enseñables al modo de una propuesta curricular. Otra, sobre la gran importancia que reviste la inclusión de Derechos Humanos en la formación profesional. Finalmente y ligado estrechamente a lo anterior, qué abordaje de los Derechos Humanos proponer en una Facultad de Medicina.

Respecto a la primera, decididamente entendemos que los derechos humanos, es decir el respeto y la solidaridad se aprenden en la vida, y lo que podemos hacer es el máximo esfuerzo para que estén en todo momento presentes.

Respecto a la segunda creemos que es necesaria la formación en Derechos Humanos en todos los centros de estudio que preparan profesionales que habitan un país que fue arrasado por el terrorismo de Estado, y que eso no puede estar nunca omitido, para que todos, cada uno desde su lugar en la construcción de una sociedad, velemos porque nunca más aquello vuelva a suceder.

Por último, la pregunta sobre qué abordaje de los Derechos Humanos proponer en una Facultad de Medicina nos llevó a un eje en nuestra opinión central, que nos facilitó diferenciar dos niveles de abordaje para la formación en Derechos Humanos desde la carrera de Medicina: uno referido a lo macrosocial y otro que hace a lo específicamente profesional y que correspondería a un enfoque microsocial.

Tomando el tema en la dimensión macrosocial, entendemos que el tema de los Derechos Humanos forma parte de la revalorización que en estos casi veinte años de democracia hemos realizado acerca de la importancia que reviste la formación de ciudadanos concientes de los mismos y de la preservación de la Memoria para que nunca más nos cubra la negra noche del terrorismo de Estado. En ocasión de la convocatoria a la creación de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos en la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA estamos aquí como parte de ese movimiento social, y deseamos acercar algunas reflexiones sobre la cuestión.

Si bien la dictadura militar del ´76 se constituyó casi en un paradigma de lo que es un Estado genocida y terrorista, a lo largo de nuestra breve historia como país podemos observar que ese mismo Estado fue actor de otros grandes genocidios.

Los mismos tuvieron lugar en la última parte del siglo XIX. La Conquista del Desierto y la Conquista del Chaco significaron además de genocidios, verdaderos etnocidios de nuestras poblaciones aborígenes, así como la guerra del Paraguay lo fue de la población masculina de ese país y de un alto porcentaje de nuestra población de origen africano.

La dictadura militar del '76 sigue muy presente en nuestras vidas, el reclamo de justicia no pierde su fuerza, y el ejercicio de la Memoria podríamos decir que forma parte de nuestro cuerpo social e incluso se expande brindando más y más testimonios y pruebas sobre lo que realmente fueron esos años terribles.

De los otros genocidios no quedaron los mismos reaseguros en la conciencia social. Es más, el grueso de la sociedad argentina no tiene siquiera registrados aquellos acontecimientos de nuestra historia como los genocidios que fueron. No podemos dejar de preguntamos qué fue lo que sucedió. Nos preguntamos si es posible que esa conciencia social o Memoria según prefiramos llamarla, no diera cuenta de un modo necesariamente objetivo de los hechos tal como sucedieron y en cambio expresaran la versión que de los mismos construyeron a posteriori los vencedores que lógicamente ejercieron su poder también en relación a imponer su pensamiento como hegemónico utilizando para ello fundamentalmente el sistema educativo. Es decir que esa Memoria podría ser manipulada y orientada.

Y esto nos lleva a preguntarnos acerca de cómo contrarrestar esos procesos de falseamiento de la Memoria, qué esfuerzos deben realizarse, la importancia que para ello tiene el dar cuenta por parte de quienes fuimos actores y testigos, además de lo que brindan las fuentes documentales.

Creemos que para lograr que esa transmisión se sostenga sin deformaciones y su mensaje no pierda vitalidad, jamás deberá renunciarse a continuar librando la batalla en el plano del pensamiento, de modo de no dejar que la versión histórica de los partidarios del genocidio gane espacios en la conciencia social de nuestros compatriotas.

Ese primer abordaje de la formación en Derechos Humanos entrega los elementos básicos y necesarios para el ejercicio profesional en este país tomado con entidad territorial conformada históricamente. El reconocer cabalmente esos procesos históricos básicos hacen a un tipo de práctica profesional que, comprendiendo a las personas y poblaciones a las cuales se encuentra la misma orientada, se provee de la dosis básica de humanidad y comprensión hacia sus semejantes.

Porque el médico no trabaja en el limbo, sino en escenarios delimitados por una historia y una geografía determinadas. Sus pacientes y poblaciones atendidas no son por lo tanto seres etéreos sino concretos. En esa historia y en esa geografía sucedieron cosas, y esas personas son sus portadoras y producto. Saber que en los grupos humanos existen esos procesos conformativos permite abordarlos de otro modo, y sobre todo los individualiza. Los pacientes y las poblaciones dejan de ser datos estadísticos y en su carnalidad se tornan comprensibles.

Habiendo dejado planteadas estas breves reflexiones, quisiéramos ahora tomar la otra cuestión que mencioné al principio como perteneciente a un nivel de análisis microsocial, y que podría llamar Porqué una Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos en la Facultad de Ciencias Médicas?

Al intentar respondernos esta pregunta, no pudimos dejar de preguntarnos si su creación será sólo para homenajear y recordar a los compañeros víctimas del terrorismo de Estado y mantener viva la condena a éste, y si esto justifica una Cátedra o existen además otros motivos que la validan.

También nos preguntamos acerca de cuál es la relación entre Medicina y Derechos Humanos. Si es lo mismo una cátedra de Derechos Humanos en Medicina que por ejemplo en Filosofía y Letras o en Ciencias Económicas.

Y esto nos llevó al centro de nuestra inquietud: cómo abordar conceptualmente los Derechos Humanos desde la perspectiva disciplinar, y ligado a lo anterior cómo incorporarlos en la praxis profesional.

Pensamos entonces que esta Cátedra podría aportar a la construcción de un espacio de debate sobre las implicancias en materia de Derechos Humanos de los diversos modos de conceptualizar la salud y el sufrimiento humanos, y sobre las diversas prácticas derivadas.

Imaginamos una Cátedra que aporte al enriquecimiento de la formación médica con el debate de ideas, porque la Medicina es y debe ser cada vez más una ciencia humanística que logre abordar a los seres humanos y no a meros individuos de una especie.

La exigencia de ética y humanidad en la atención de salud nos refiere indudablemente a los Derechos Humanos, pero en una dimensión distinta de la macrosocial, sin dudas inobjetable pero con riesgo de quedar sólo como una mera formulación ideológica si no encuentra correspondencia en lo microsocial, cotidiano, cercano e inmediato que nos compromete cara a cara y todos los días con nuestros semejantes.

Preguntándonos sobre los Derechos Humanos en el ejercicio de la profesión de curar, tratamos de remitirnos a las situaciones fundantes, iniciales, que llevan a una persona a elegir esta profesión, generalmente cuando es muy joven. Y creemos no equivocarnos al suponer que existe en quien hace elección, una especial sensibilidad ante el sufrimiento ajeno, un com-padecimiento ante el dolor y el deseo de ayudar a calmarlo en aquellos que lo sufren.

Ese imaginario inicial acerca de la profesión médica concibe una praxis de estrecho vínculo con ese otro, el paciente. Por eso es que la Medicina como disciplina debe ser ubicada entre las Ciencias Humanas, porque el acto médico sólo es posible en esa situación de interrelación humana, muchas veces tan vitalmente crítica.

Es por eso y no por un mero ideologismo que puede afirmarse que allí, en ese acto médico, en esa escena, están en juego los Derechos Humanos. Y que el sentimiento de reacción ante el dolor ajeno es algo puro y desinteresado, a riesgo de perder lo que posee de profundamente humano.

Estamos llegando entonces, no desde la política, ni desde la economía, ni desde las grandes construcciones ideológicas, sino a partir de recuperar aquellas escenas primordiales ubicadas en el origen de ese movimiento de elección cargado de búsqueda de sentido para la propia vida, llegamos decíamos, a una conclusión simple y difícil de refutar: en el interior del acto médico circula un ida y vuelta entre alguien que sufre y otro que procura calmar su dolor. Podemos también preguntarnos sobre qué es lo que circula, y decir: conocimientos, sentimientos, actitudes.

En esa relación muchos derechos humanos entran en juego y pueden ser respetados o violados. Por lo tanto, resulta legítimo preguntarse sobre la calidad de eso que circula. Porque los conocimientos por ejemplo pueden circular o no bidireccionalmente, lo mismo que determinados sentimientos y las actitudes de dos partes que se encuentran en una relación de poder completamente desigual.

Creemos que existen riesgos para la vigencia de los derechos humanos en ese acto. Uno es que la relación sea sólo de ida desde el médico hacia el paciente, sin retorno, es decir sin registro del retorno por parte del médico. Dicho con las palabras que corresponden, decimos que esa es una forma autoritaria de relación. Otro riesgo es que se atienda selectivamente, es decir a unas personas sí y a otras no. Las del sí podrían ser por ejemplo aquellas que tienen dinero o cierto color de piel, y las del no las carentes de ese dinero o portadoras de piel no blanca.

Una conclusión provisoria nos llevaría a suponer que un ejercicio humano de la medicina nunca puede obviar estas cuestiones, a riesgo de ir verdaderamente a contramano de los Derechos Humanos.