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.: PORQUÉ UNA CÁTEDRA DE SALUD Y DERECHOS HUMANOS


 
:: Responsable de la página: Gonzalo Moyano
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EUTANASIA
Enfoque Antropológico

Dr. Marcos Meeroff

El tema es de interés porque recientemente la Legislatura de Holanda sancionó una ley que la legaliza, lo que provocó a su vez en nuestro país una breve polémica, como era de prever y en la que participé fijando nuestra posición antropológica favorable para dicha decisión. Creemos por consiguiente de interés precisarla una vez más ya que la autorización legal para la eutanasia es un aspecto de la aplicación de la norma ética número uno en el cuidado de la salud que hace de la autonomía del paciente el derecho fundamental para el cuidado de la salud de la población.


I Síntesis de la ley sancionada en Holanda

Ø La persona tiene que padecer una enfermedad que le provoque sufrimientos insoportables y no tener esperanza alguna de sobrevivir.
Ø Los médicos pueden acceder a una solicitud para terminar con la vida de un paciente siempre y cuando el enfermo lo pida de manera voluntaria y deliberada.
Ø Se va a construir una comisión que juzgará si el médico practicó la eutanasia bajo las reglas del nuevo marco legal.
Ø El médico estará obligado a comunicar una eutanasia practicada por él a la comisión, que controlará todos los casos que se produzcan y que sólo podrá recurrir al Ministerio Fiscal en casos de duda.
Ø El texto precisa que las personas de 16 y 17 años podrán decidir independientemente, aunque se tendrá en cuenta la opinión de los padres, mientras que los que tengan entre 12 y 16 años necesitarán la aprobación de sus progenitores o tutor.
Ø La ley excluye a todos aquellos extranjeros que no cuenten con el permiso de residencia legal en Holanda.
Ø La eutanasia sin control seguirá estando penalizada con una condena máxima de doce años de cárcel.


II Enfoque Antropológico

Por definición enciclopédica eutanasia es muerte sin dolor. De ahí las diversas denominaciones que diferencian las circunstancias de la muerte de personas enfermas “terminales”.

El grado máximo es provocar la muerte mediante recursos médicos. Es la eutanasia activa, en nuestro país prohibida por ley.

La llamada eutanasia pasiva es dejar morir al enfermo sin imponerle tratamientos activos; tan solo mantenerlo hidratado y administrarle analgésicos de variable eficacia. No está prohibida en nuestro país y es la modalidad a que recurrimos en nuestro país. Quizás tengan razón los que califican este procedimiento como método hipócrita de eutanasia.

Incluso es común desdoblar la eutanasia pasiva en dos modalidades: la eutanasia pasiva propiamente dicha, que no continúa el tratamiento médico propio de la enfermedad y la ortotanasia que sí mantiene esta terapéutica, pero sin llegar al encarnizamiento terapéutico, al que se suele recurrir ya que se dispone de elementos para ello. Hay uniformidad de pensamiento en no caer en este modo de atender al paciente terminal, llamado distanasia.

La discusión de orden ético existe respecto a la eutanasia activa.
Las religiones dominantes en el mundo occidental se oponen a ella. La califican de homicidio y a quienes actúan de esa manera, de asesinos, incluso cuando es el enfermo el que solicita esa manera de poner término a días, que es poner término a dolores y sufrimientos de toda índole, careciendo la medicina de la manera de neutralizarlos y prolongar la existencia en condiciones que llamaríamos aceptables.

La posición opuesta, a la que nos adherimos, considera ética la eutanasia activa, con un solo requisito, que sea una decisión del propio enfermo. Como ser humano, responsable de su vida, la sociedad debe reconocerle ese derecho último de abandonarla cuando así lo estime. Es parte integrante del derecho de autonomía que la ética reconoce, y extiende incluso, a todo enfermo.
Sobre este tema transcribo un comentario ilustrativo de procedencia estadounidense:
“A esta altura de los acontecimientos podría decirse que en el mundo se esboza una marcada tendencia a contemplar la eutanasia y el suicidio asistido como una posibilidad legal: por lo menos eso de desprende de lo expuesto por Margareth Somerville, del Centro de Medicina, Ética y Derecho de la McGill University de Montreal, Canadá.

“Esta experta afirmó que la mayoría de las legislaciones nacionales dicen “eutanasia no”, aunque la experiencia internacional comparada muestra que ese principio se está relativizando en la medida en que ganan presencia los criterios pragmáticos de “eutanasia no, a menos que...” o “eutanasia sí, pero si se dan tales y cuales circunstancias”. Muchas de las decisiones judiciales que se registran en los Estados Unidos y la fórmula aplicada en Holanda (“eutanasia no, a menos que...”) vendrían a confirmar lo sostenido por Somerville”.

Recientemente a raíz de la decisión Holandesa me tocó contestar a varios medios de comunicación (Diarios, cadenas de televisión y radios) reiterando la posición.

Una síntesis de lo que dije en esa oportunidad fue el contenido de una breve nota mía, aparecida en La Nación del 11/04/01 que reproducimos.

“Estoy totalmente de acuerdo con la decisión del Parlamento holandés. Lo celebro y me alegro mucho de que un país de tan buenos antecedentes democráticos y científicos haya tomado esa resolución. Valora aún más la decisión el hecho de que Holanda es, auténticamente, un país del primer mundo, muy respetado en ese tema en toda la comunidad internacional.

“El tema eutanasia no es nuevo, lo hemos tratado nosotros y muchos otros antes que nosotros.
“¿Por qué digo que estoy de acuerdo? Porque si aplicamos las normas de ética que actualmente tenemos, el cumplimiento de la norma número uno dice que hay que respetar la autonomía del enfermo. Esto es el equivalente en terreno médico de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. La autonomía equivale a libertad.

“La eutanasia es un caso particular dentro del concepto general del derecho del individuo a decidir sobre su persona. La eutanasia significa que lo autoricen a eliminarse, a suicidarse, porque entiende que no tiene otra salida y no quiere pertenecer al mundo viviente.

“El enfermo es el que lo quiere, y se lo pide al médico. El médico lo acepta y lo hace.
“La legislación que se aprobó en Holanda establece el derecho de una persona a decidir la terminación de su vida por cualquier causa y a juicio de él.

“Generalmente se supone que esta decisión se debe a que está padeciendo una enfermedad crónica. No es un capricho, está en etapa terminal, sufriendo y considera que la vida así no tiene sentido.

“Se lo pide él al médico y el médico no está obligado a aceptarlo. El médico también tiene sus derechos y puede decirle al paciente: “Señor, yo no hago esa tarea. Búsquese otro médico”.


Terreno ético

“En uno de los Estados de los Estados Unidos incluso se extiende al derecho de que el médico le sugiera al enfermo la eutanasia cuando ve que no tiene salida. Esto en la legislación holandesa no figura: sólo figura que el enfermo tiene derecho.

“Hasta ahora el paciente no tenía derecho a realizar esta solicitud. Ahora tiene fundamento jurídico, además de ético. En el terreno ético, es un tema discutido y hay opiniones dominantes según la formación de la persona.

“La religión es totalmente opuesta. Considera que la vida nuestra no la creamos nosotros: nos la dio Dios y el único que tiene derecho a quitárnosla es él.”

Tuve el honor de escuchar la opinión opuesta, lo que me dio motivo para ampliar algunos conceptos: me refiero a la calificación despectiva, peyorativa de la eutanasia activa: uno de los comentarios coloca la discusión sobre un tema de moral y ética en un terreno maniqueísta y fundamentalista que cierra toda posibilidad de cambio de ideas, precisamente cuando el tema lo exige, ya que uno y otro nos declaramos fervorosos partidarios de una sociedad humana solidaria, cuyos miembros se respetan mutuamente en su dignidad y sus derechos.

Porqué yo médico desde hace más de siete décadas he cumplido con estos principios morales y normas éticas. He actuado en defensa de la salud del prójimo enfermo. Más aún, como sostiene el Dr. Maglio con quien actuamos en la Sociedad de Medicina Antropológica “al lado del enfermo y del lado del enfermo”. Me declaro humanista, considerando al ser humano sujeto y no objeto, fin y no medio, como lo señala Kant.

En consecuencia la relación médico-paciente es para mí un encuentro fraternal entre dos personas iguales en dignidad y derechos que buscan en ese encuentro actuar en armonía. El médico debe informar plenamente al enfermo sobre su enfermedad, y los recursos que considera adecuados emplear para lograr la curación del enfermo. Solamente cuando el paciente presta su acuerdo -consentimiento informado- el médico puede actuar. Claro que cada enfermo y su padecimiento tienen características propias que determinan una actividad profesional específica, que hace que el respeto de la autonomía del paciente sufra variantes pero el principio es el mismo. Siempre estar al lado del enfermo y “del” lado del enfermo.


III “Muerte digna”

Es tema que habitualmente se vincula con la eutanasia. Me parece oportuno fijar mi posición.
Cuando hablamos de muerte digna, nos referimos a la “manera” de morir de una determinada persona o las condiciones en que la sociedad “participa” pasiva y en muchos casos activamente en la terminación de la vida de esa misma persona? Lo primero es parte de la intimidad de la persona y por consiguiente escapa al juicio de los demás, en la medida que no afecta al resto de la comunidad. De ahí que haya casos de muertes “transcendentales”, “ejemplares”, “honrosas”, “dignas”. Esas calificaciones aluden a la repercusión que provocan en la sociedad, pero no sientan precedentes y menos derivan en decisiones sobre el fin de la vida de cada uno. Más que ninguna otra situación, el derecho a morir y como morir es inalienable y la sociedad debe asegurar ese derecho. No ignoramos por cierto que la mayoría de los dogmas religiosos proclaman que la vida la concedió Dios y, por consiguiente, es el único que tiene derecho a cortar la vida de las personas, lo que en realidad implica que el dogma religioso niega a la persona el derecho de morir cuando así lo decide.

De esta diversa manera de considerar la muerte surge el diferendo respecto a la eutanasia.
La denominación de muerte digna es objetable. No tiene relación con la ética. Aquí, como sostiene Castoriades, lo correcto es hablar de biopolítica mas que de bioética. Algunos hablan de “muerte feliz”. Prefiero hablar de muerte humana, que nos libera de juicios calificativos de dudosa significación. Desde que el acto de morir no es separable del vivir, considero que una muerte “digna” debe estar precedida por una vida digna. Cabe la pregunta: esta es la realidad en los sectores desprotejidos?. La pobreza y el abandono en que viven muchas personas, los lleva a morir, de la misma manera, aun en la calle. Esto es indignidad del que muere o indignidad de la sociedad? Grosera, desgraciada falta de ética de la sociedad, olvidada de la solidaridad entre los hombres, principio básico de la ética.

Se han creado vocablos que se refieren a estas situaciones. Se denomina mistanasia a la muerte que ocurre con abandono social, médico y espiritual. Este es para mí la primera cuestión ética, tanto más, como lo acabamos de señalar, que son muchos quienes no solamente mueren abandonos, sino que viven en el mismo abandono. Recordemos lo que dice Bockus: la pobreza no es una vergüenza. Es en todo caso una desgracia. Pero siempre es una cuestión que la sociedad debe resolver.

Creo que una excelente síntesis sobre el tema la debemos al Dr. Francisco Maglio (ver “Medicina Integral. Salud para la comunidad”).

“La supervivencia en esas condiciones no tiene dignidad en sentido kantiano, el hombre no es sujeto, se lo trata como un objeto, no es un fin, sino un medio y con un precio medible por el “encarnizamiento terapéutico”. Suspender estas medidas concuerda con una ética de la dignidad. Por el contrario, cuando ocurra la muerte ineluctable pero artificialmente postergada, tampoco será digna.

“Entiendo por muerte digna aquella que permite tres circunstancias: (1) sin dolor, (2) con capacidad de transmitir y recibir afectos, (3) con lucidez. Esto último no es ninguna necrofilia. El momento de la muerte es el más reflexivo de la vida, es el instante único e irrebatible en que mensurando lo vivido podemos desentrañar y comprender su sentido. Pocos días antes de su muerte dijo Borges: “falta poco para saber quién soy”.

“La ética del cuidado nos dice que suspender las medidas de sostén vital no es abandono en estos casos. Ya no hay “tekné”, pero si “medeos”, en el decir socrático, es decir, brindar el cuidado necesario para un confort psico-físico, espiritual y moral para el paciente y sus familiares. Cuando ante un paciente terminal los médicos decimos “no hay nada que hacer”, deberíamos decir “no hay nada que curar pero mucho que hacer”. Me refiero al efecto sanador de nuestras palabras, de nuestras manos (para que los pacientes no se mueran con “hambre de piel”) y de nuestra presencia como personas.

“Si ayudamos a bien morir nos ayudamos a bien vivir, porque como afirmaba Petrarca «morte digna onora vita»”.


IV Relación de la salud con el total de los derechos humanos

Los derechos humanos consagrados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, establece desde su comienzo “como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universal y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción”.

Para sintetizar el contenido de la declaración dice en su artículo 1 y 2:
ARTÍCULO 1 - Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
ARTÍCULO 2
1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, fraternalmente los unos con los otros.
2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Llamamos la atención sobre la integridad de los derechos humanos a desarrollar en una cátedra como ésta de Salud Pública y Derechos Humanos por cuánto he podido comprobar que buen número de miembros de los equipos del cuidado de la salud no perciben en su gran significación la relación existente entre derechos de salud y derechos humanos en general.

La relación es tal que no podrá lograrse un eficaz y auténtico cuidado de la salud humana mientras no logremos la vigencia plena de los derechos humanos en general, tanto los políticos como los sociales.

En pocas palabras, una sociedad humana que asegure la libertad plena del ser humano, el respeto a su dignidad y a su labor ejercida sin limitaciones discriminativas; en suma, una sociedad integrada sobre la base de la fraternidad y la solidaridad hará posible que el cuidado de la salud, tanto física como mental contribuya a mejorar la vida del ser humano.

Será atendida en todos los aspectos de su compleja integridad y en su vinculación con todos los demás seres vivos que pueblan el continente. Será, como tanto lo ambicionamos, un mundo de paz, libertad y fraternidad.

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