| En la actualidad, muchas escuelas de medicina están llevando a cabo proyectos de cambio curricular. Lo vetustos de algunos de ellos, el alejamiento de la realidad de otros, el sentimiento de los alumnos de que sus aprendizajes transcurrían por conocimientos que no los preparaban para resolver los problemas actuales de la población a la que debían asistir, alianzas económicas estratégicas como el "Mercosur", etc; están orientando a nuestras escuelas de medicina a cambios adaptativos para adecuarse a las circunstancias del mundo "moderno". Si bien estos nuevos programas presentan alternativas interesantes, parecería observarse en la mayoría de ellos, una tendencia a que los alumnos persistan en re-solver los motivos de consulta de acuerdo a un particular estilo de pensamiento de-nominado "normativo", al registro de los signos y síntomas en forma de códigos para computarizar, a "focalizar" al paciente en un diagnóstico que no explica todo aquello que le ocurre sino lo que en ése momento emerge; etc. A pesar de que el conocimiento de las normas es una meta a alcanzar en la etapa de grado y en el post-grado inmediato, los actuales motivos de solicitud de ayuda médica se han modificado porque los pacientes, no sólo consultan por enfermedades posibles de resolverse por la aplicación de normas. Y aún más, una cantidad signifi-cativa de enfermedades están vinculadas a padecimientos relacionados con proble-mas de inserción social. A la luz de estas modernas realidades, parecerían pobres los objetivos de una escuela de medicina si los docentes se propusieran que sus alumnos alcanzaran, prioritariamente, el modelo de pensamiento normativo De acuerdo a esas ideas, sería atinado pensar que las facultades logren la clasi-ficación alcancen el estado de "modernas", recién cuando sus egresados están en condiciones de resolver por lo menos en el primer nivel, cualquiera de los motivos de consulta de la población a la que deben asistir. Y aquí surge el problema. Es ya muy conocido que la comprensión de estos actuales motivos de consulta, requiere de conocimientos vinculados con las denominadas "ciencias blandas". Y las hipótesis que manejan estos conocimientos, son muy poco probables de nor-matizar. Justamente aquí, en la aplicación de estas hipótesis, es dónde los alumnos sienten que su formación ha sido insuficiente. Además, al no existir en nuestra institución mo-delos válidos de actitudes inter o transdisciplinarias, cada docente enseña sólo los conocimientos propios de su materia, en la que él es un experto, sin poder prestar atención a los conocimientos que son "propios" de otras disciplinas. Así, casi insensi-blemente, las hipótesis que permitirían comprender muchos de los actuales motivos de consulta de la población aparecen como extraños al "ser médico". Por tales motivos, además del pensamiento normativo, a los alumnos les resultaría beneficioso (y a los pacientes también), alcanzar el pensamiento complejo. Aquel que permite contemplar casi simultáneamente los problemas prioritarios que presenta "este paciente" en su actual situación, construir hipótesis diagnósticas y jerarquizar-las, establecer si él, desde su función profesional, está en condiciones de resolver la dificultad más urgente, y proponer, si fuera necesario, la derivación más adecuada y oportuna. Sólo el alcanzar el estado del pensamiento complejo permite a los alumnos resolver estas dificultades con eficacia. Sobre todo si se tiene en cuenta que durante los pri-meros años de trabajo profesional, deberán obtener su sustento atendiendo urgencias domiciliarias, o resolviendo problemas en consultorios externos, en guardias hospitala-rias o sanatoriales y también en algunas oportunidades, en su propio consultorio. Sería atinado entonces, que nuestros jóvenes médicos, se desempeñaran atinada-mente por lo menos en el primer nivel de resolución de problemas cumpliendo la fun-ción de médico clínico generalista . Y
con respecto a la pediatría, el Departamento está decidido
a colaborar con las autoridades nacionales y oficinas internacionales
en atenuar las altas cifras de mortalidad infantil de nuestro país. Por los motivos expuestos hasta aquí; el Departamento resolvió adherir al consenso nacional de profesores titulares de pediatría, y al " PROGRAMA OPERATIVO NACIONAL DE PEDIATRIA" (haga click sobre Programa para ir a la red conceptual) surgido de esas reuniones. El interrogante que se podría plantear ahora, consistiría en pensar el porqué del diseño de un programa con características de "Red Conceptual". Experiencias anteriores, acumuladas en el COMITÉ DE EDUCACIÓN MÉDICA (COEME ) de la SOCIEDAD ARGENTINA DE PEDIATRÍA (SAP) que datan de por lo menos 20 años atrás, demostraron que ante la existencia de un programa único pero no consensuado, cada profesor aplicaba su propio programa, mas allá del tipo de diseño, de la calidad y cantidad de sus contenidos, de las ideologías subyacentes, etc. El tema es mas complejo aún, ya que además, el ámbito dónde ese profesor y sus los alumnos realizan sus actividades, "transmite mensajes" que los jóvenes apren-den insensiblemente. El hecho de participar activamente en la formulación de un instrumento común, logrado por consenso, ( como ocurrió con todos los profesores titulares de cátedras argentinas), constituye una modificación actitudinal importante, y a su vez, un pro-fundo compromiso con la realidad pediátrica Argentina. Este aspecto, tal vez, esté vinculado a una extensa preocupación pediátrica aso-ciada con los problemas de la mortalidad infantil. La decisión de incluir la enseñanza de la estrategia AIEPI en el pregrado es un buen ejemplo para este punto. Pero además, al sincero convencimiento de los pediatras–docentes de que una mejor enseñanza de los alumnos promueve una mejor atención de los pacientes. Y un programa diseñado por "Red conceptual", facilitará una mejor enseñanza? La hipótesis es que si se parte de un programa común que orienta al pensamiento complejo, si se proponen cargas horarias similares, se construyen materiales docentes comunes y se evalúa sistemáticamente el producto final; la calidad del proceso debe-rá mejorar. Y también, como durante la labor docente se realizan simultáneamente tareas médicas, es esperable un mejoramiento de la calidad asistencial. Estos cam-bios iniciales podrían ocurrir a pesar de la tendencia económica predominante en nuestro país y latinoamérica. Promoverlos no requiere de onerosas tecnologías. Por otra parte, el recurso humano disponible, ( que no es poco ), se sentirá más motivado si percibe que integra un cuerpo profesoral que trabaja seriamente y con metodología científica. Y la educación médica también sigue, al igual que otras cien-cias blandas, los pasos del método Hipotético Deductivo. Así, el cumplimiento del programa tal como fue diseñado, permite seguir el camino de lo que está más allá del motivo de consulta, ya que el cumplimiento del rol profe-sional se orientará hacia un desempeño de "médico ecólogo" del paciente y su familia. Así, además del problema inmediato a resolver, cada alumno deberá integrar los cono-cimientos relacionados con los problemas del entorno mediato e inmediato, con el desarrollo humano en todas sus áreas, con los aspectos alimentarios, con los sindro-mes recurrenciales, etc. Los cuadros de diarreas, las neumonías y las patologías respiratorias, por ejemplo, dejarán de ser la circunstancia de ese momento particular del paciente para pasar a ser un problema complejo, casi caótico, que responde a un orden pre-establecido de causas que se pueden anticipar y preveer. El aspecto siguiente que facilitará el Programa diseñado por medio de una red con-ceptual, tiene que ver con el proceso de JERARQUIZACION, ya que es esperable que los alumnos, con los datos obtenidos, "construyan hipotesis" que jerarquizarán según la urgencia, la situación, la relevancia de la sigoo-sintomatología, el nivel socioeco-nómico, y también con aquellas circunstancias hasta ahora consideradas ajenas al razonamiento médico. Por eso es atendible la hipótesis de que sería más atinado intentar que los alumnos superen la etapa del pensamiento normativo y alcancen el estadio del pensamiento complejo. Además, bajo estas circunstancia, es fácil incluir en "la red" una estrategia de atención como el AIEPI, que nuestras autoridades sanitarias han incorporado para mejorar la salud infantil. La sintonía entre las necesidades de la población, el compromiso verdadero de los Ministerios respectivos, y una clara lectura pedagógica de las necesidades de los alumnos, conducirá a las universidades de nuestro país a formar profesionales efica-ces. En su parte inferior de la Red Conceptual ( haga click aqui para ir a la Red Conceptual), según las categorías 1, 2 y 3; el programa contempla el nivel de profun-didad del conocimiento que el alumno debe demostrar que ha adquirido y que incluye las situaciones en las que debe realizar adecuadas derivaciones. A su vez, esta categorización está incluida en cada uno de los tópicos del progra-ma. Así por ejemplo SER HUMANO, tiene categoría 1; al igual que PATOLOGÍA HEMATO -ONCOLÓGICA y PATOLOGIA GENÉTICA; VÍNCULOS FAMILIARES Y SOCIALES, categoría 2 como PATOLOGÍA NUTRICIONAL; DESEQUILIBRIOS DEL MEDIO INTERNO, tema aso-ciado a diarrea y deshidratación y por lo tanto al AIEPI, categoría 3, etc. Se espera con esto, que gradualmente, se mediaticen antiguas dificultades. Porque en ese sentido, los médicos pediatras nos hemos comportado ante los alumnos como especialistas y no como generalistas de una etapa de la vida. Mientras en nuestra SO-CIEDAD ARGENTINA DE PEDIATRIA opinamos que el pediatra debe constituir el primer segundo y tercer nivel de atención de niños y adolescentes, es corriente observar que se les soliciten a los estudiantes conocimientos relacionados con patologías poco comunes vinculados a la función de médico especialista, que los alumnos, ante estos estímulos; suponen que deben conocer. Pero a su vez esos mismos jóvenes, al dis-traer su tiempo con esa información, desconocen aquellos temas que circunstancial-mente, cuando deben atender a un niño por un motivo "banal" cometan errores por desconocimiento que implicarán riesgo de vida para el pequeño paciente. Los anteriores programas de pediatría además de extensos, difíciles de cumplir y aplicar, eran muy incómodos para leer y analizar. Su lectura exigía por lo menos de 2 Hs. de atento análisis. Porque habían sido el resultado de excelentes especialistas pediatras "que no querían dejar nada sin enseñar", en una época de la enseñanza en que los alumnos eran considerados como toneles a los que había que completar con conocimientos. La red conceptual que se propone, ocupa una sola hoja y se la visualiza en toda su extensión por medio de una rápida mirada. De esta manera, el docente que deberá coordinar toda la rotación, no tendrá dificultades con su propio proceso de integración. Aparentemente, el sistema de programa en red, orientaría al pensamiento integra-do, a la jerarquización de los datos obtenidos y al cumplimiento de una función médica de mirada amplia hacia todos aquellos aspectos relacionados con la enfermedad, pero sobre todo con aquellos motivos que condujeron por ese camino. Mas aún, posibilita siempre partir desde los mecanismos de la salud y su promoción. Los aspectos planteados hasta aquí respecto del PROGRAMA OPERATIVO NACIONAL DE PEDIARIA constituyen sólo hipótesis. Mientras se lo diseñaba, surgieron, por supuesto, intercamcios de ideas y divergencias de opiniones entre los docentes. La duda más frecuentemente escuchada tenía que ver con la pérdida de la libertad de cátedra y enseñanza. Un logro que fuera tomado como ejemplo por otras universida-des del mundo cuando nuestro país era moderno. Analizando este aspecto, deberá contemplarse que el programa sólo propone el capítulo del tema, por ejemplo, FAMILIA , MATRIZ DE LA SALUD Y LA ENFERMEDAD. Sobre este tema, cada docente deberá construir su propia red, dónde más allá de los materiales didácticos elaborados conjun-tamente, cada profesor podrá incluir sus propias ideas sobre el capítulo. El otro aspecto que motivó preocupación , estaba vinculado con la falta de prepa-ración de los docentes en los nuevos aspectos de la Educación Medica. Un hecho que desde el cumplimiento del rol profesional ningún pediatra aceptaría, ya que aún el médico más alejado de los centros de formación, acudiría a la búsqueda bibliográfica ante una situación de desconocimiento. De no ser así un hecho fáctico se transformará en paradigmático. Si los jóvenes docentes no se actualizan, la realidad les pasará por encima. Bastan como ejemplo, lo ocurrido con las escuelas y colegios públicos Argentinos. Por último, así como los anteriores programas motivaron en su momento procesos de cambio que condujeron a la enseñanza de la Pediatría a ser una de las materias de concepción "moderna" dentro de nuestra institución; las experiencias logradas por la aplicación sistemática del nuevo instrumento, el paso del tiempo, y las evaluaciones de proceso y producto final indicarán si fue adecuada la metodología adoptada por este Departamento. |